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“Nos dimos cuenta de que había que hacer al médico general participar de su propio destino”

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30ANOS COLOR TRANSPARENTE

En el año del 30 aniversario de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) los más indicados para contarnos cómo vivieron su constitución y primeros retos son sus protagonistas. Entre ellos, se encuentra el Dr. Juan José Rodríguez Sendín, presidente de SEMG entre los años 1995 y 2001 quien nos asegura que “un grupo de médicos, cuando se empeñen y tengan la razón, pueden sacar cualquier proyecto adelante”. 

Los dos primeros cursos que diseñaron en la SEMG, a principios de los 90, fueron el Curso de Habilidades en Salud Mental y el curso de Ecografía ¿Por qué?

En el año 1987 nos dimos cuenta, en el primer congreso de médicos titulares, que los médicos generales y de familia no participaban. Los congresos ordinarios que hacían eran siempre dependientes de otros especialistas. Tenían siempre una actitud pasiva, y los congresos que hacía entonces la Sociedad de Medicina Rural, las reuniones que hacíamos a nivel provincial, siempre el médico general era una persona pasiva que iba, escuchaba y como mucho, preguntaba. Pero no era él el protagonista de su formación en ningún caso. Como mucho, moderaba una mesa. En aquel momento nos dimos cuenta de esa necesidad, de que había que hacer al médico general participar de su propio destino.

sendin 2El primer curso de Habilidades en Salud Mental lo hicimos porque, precisamente, una de las cuestiones en las que creíamos que estábamos en claro déficit, era la atención a la salud mental, a la esfera afectiva y emocional. Lo unimos, en este curso en el que, aunque repasábamos las grandes cuestiones (nos dio tiempo a hacer cuatro ediciones de un libro monográfico sobre este tema), vimos la necesidad de debatir y discutir entre nosotros, y de que teníamos que darle un enfoque propio, personal.

A la par, necesitábamos también una herramienta importante que nos permitiera registrar nuestra información, para poder intercambiarla entre nosotros y, por eso, ideamos la historia clínica informatizada, que por entonces se llamó Hipócrates. En su elaboración participamos el doctor Ángel Salinas, Ignacio Burgos y yo. Hubo que diseñar otro curso para formar a los médicos de cabecera, en el uso del ordenador (en 1990 los ordenadores no eran lo que hoy son). En este año ponía en mí consulta el primer ordenador con nuestro programa Hipócrates.

La otra cosa que se nos ocurrió que necesitábamos también, era la incorporación de una herramienta que nos permitiera de alguna manera complementar la fuerza que tiene el fonendoscopio, porque con el fonendoscopio y nuestras manos ya no nos llegaba. Necesitábamos algo más para poder competir con el resto de especialistas, porque la fascinación tecno-lógica del paciente le crea necesidades y nosotros no teníamos una tecnología que pudiéramos mostrar. En aquel momento (1989), curiosamente el Dr. José Manuel Solla demostró las habilidades que él había adquirido con el ecógrafo, y junto a un grupo de especialistas -a los que nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos-, ideamos el curso de Ecografía para Médicos Generales (1991).

En los años que fue presidente de la SEMG (1995-2001), se organizó el primer curso de Dermatología en la sociedad ¿Por qué decidieron también apostar por ella?

Por la misma razón. La dermatología era una asignatura pendiente, como la hepatología entonces. Nosotros siempre estábamos pendientes de lo que eran carencias del médico de cabecera, carencias que no eran las que detectaba por entonces la industria farmacéutica ni otros especialistas. Es decir, la gente sabía más bien poquito, y no te digo nada, de los tratamientos dermatológicos. Y por eso surgió el hacer un curso de habilidades en dermatología (1995) que ha sido extremadamente útil para la práctica del médico general y de familia. Nos fijábamos siempre en lo que considerábamos que eran nuestras propias carencias, en lo que no teníamos formación suficiente y que era necesario actualizarse.

Usted fue uno de los principales impulsores de la ecografía en nuestra sociedad médica ¿qué le llevó a ello, cuando nadie creía en su uso en Atención Primaria?

En la ecografía fuimos dos protagonistas: el Dr. José Manuel Solla, que se había encontrado con la posibilidad de formarse y, dadas sus características personales, y su necesidad siempre de explorar zonas desconocidas en beneficio de los pacientes, se había formado en ecografía en el Hospital La Paz, en el Servicio del Dr. Muro, y fue él el que me convenció. El Dr. Solla me dijo que lo que se veía allí lo podría aprender exactamente igual yo, aunque a mí me parecía ciencia ficción porque nadie nos había enseñado nada de ecografía. En la Facultad no existía la ecografía para nosotros, como no existía para la mayor parte de los especialistas. Lo que más me sorprendió es que era inocua, es decir, que no hacía daño y que podía utilizarse por aquel entonces (la ecografía abdominal) en todos los órganos que componen el aparato digestivo. Pero también, por supuesto, nos ayudaría muchísimo a ver los grandes troncos, lo que para nosotros estaba vedado. Nosotros no podíamos entrar por dentro de los pacientes: teníamos que guiarnos por el ojo clínico y por una exploración que era la palpación, la inspección y, como mucho, los cinco sentidos. Entonces, tener una herramienta que fuera inocua, que permitiera el aprendizaje con las características que la ecografía tiene, a mí me convenció plenamente.

¿Qué ocurrió? Que la propia Junta Directiva de la SEMG al principio tuvo sus dudas de aceptar que hiciéramos eso, porque suponía un enfrentamiento claro con el mundo de la Radiología, como así ocurrió. Entonces con mucho esfuerzo, con mucha insistencia, estábamos muy convencidos de los beneficios que tenía, pero no para nosotros, los profesionales, sino para los pacientes, sobre todo de poder ayudarnos a tomar una decisión en el momento en que se produce la queja de los pacientes, no en diferido. Esto fue lo que, año tras año, con mucho trabajo, insistiendo y buscando colaboradores, lo conseguimos el Dr. Solla y yo.

Los dos fuimos los causantes y los defensores a ultranza de algo que se ha consumado y hoy nadie ya puede negarlo. Pero ha tenido que pasar 25 años para que el tiempo nos dé la razón. Ha habido mucho trabajo por el medio para poder llevar esto para adelante y vuelvo a recordar que hay una serie de compañeros en los que hay que mencionar, algunos muy destacados: el Dr. Cerezo, el Dr. Juan de Dios Vega, el Dr. Mayayo, el Dr. Celestino Gómez Gesto, el Dr. Pepe Bajo Arenas, el Dr. Pajares, Dres. Julio Jiménez y González del Hospital la Paz… sin estos especialistas y algunos más, hubiera sido imposible sacar esa formación adelante.

Siempre se ha considerado como un ‘médico de pueblo’, ¿cómo ha evolucionado el papel de estos profesionales hasta la actualidad?

Su papel ha evolucionado a medida que ha evolucionado la Medicina. Nos ha costado un poco más porque hay una parte de la profesión que no ha acabado nunca de entender el papel fundamental de la Medicina de Familia, de la Medicina de Cabecera, de la Medicina General en el Sistema Nacional de Salud. Y en el SNS hay cuatro estamentos clave para llevar el sistema a donde estamos: la Atención Primaria, que con bajos costos es capaz de resolver, por sus características (conocimiento longitudinal y transversal del individuo y de su familia); de tener una altísima resolución (hasta el 90% de las quejas las resolvemos en ese primer nivel); el hospital general; los servicios de urgencias y emergencias; y las grandes unidades de alta especialización (de quemados, etc.). Estos cuatro elementos, de los cuales la Atención Primaria es pieza absolutamente fundamental, son los que mantienen la calidad de este sistema con un engranaje complicado de tocar, un engranaje que se mantiene en estos cuatro pilares difíciles de cambiar.

El gran cambio que supuso para la Medicina de los pueblos y Medicina General fue el hecho de la llamada reforma inconclusa de la Atención Primaria, que no fue más que una actualización de medios y de la formación que reciben los futuros especialistas en Medicina de Familia en el tiempo. Se ha evolucionado porque sencillamente se rompió el aislamiento, se ha evolucionado porque se salió de los pueblos y se ha conseguido romper con esa disponibilidad permanente que teníamos por aquel entonces y, sobre todo, se han hecho los centros de salud con mayor dotación de medios, se ha facilitado la formación continuada de los profesionales, pero sobre todo también se ha facilitado la formación y dotación de medios en unos sitios más dignos. La última causa es que se nos ha permitido trabajar en grupo -no digo en equipo porque eso es una palabra muy fuerte para poder utilizar- pero si en grupo, lo que nos ha permitido apoyar unos a los otros y trabajar conjuntamente el que ha querido, porque ha habido gente que se ha seguido manteniendo aislada.

Tras muchos años fuera de las consultas ¿qué es lo que más echa de menos de la labor asistencial?

Lo que más echo en falta es al paciente. Los que tenemos la suerte de tener una vida con tantos gustos cubiertos, es un problema a veces optar una cosa o por otra. Lo que hago (la representación) me ha gustado, pero me ha gustado mucho la clínica, trabajar de la manera más avanzada posible con mis pacientes, y un ejemplo es que ya en 1990 tenía informatizada mi consulta, en 1992 tenía ecógrafo en mi consulta. Es decir, lo que más extraño de todo esto -que no reniego de nada, lo lamento, porque no puedo- es la relación con los pacientes, que a mí personalmente me resulta realmente atractivo.

En estos tiempos de falta de relevo generacional ¿qué le diría a un estudiante de Medicina para que eligiese la especialidad de MFyC?

Yo no le diría más que conociera la Medicina de Familia. Si volviera a nacer, volvería otra vez a hacer Medicina de Familia, si, pudiendo hacer otras cosas. Me ha producido unas satisfacciones tremendas, me ha permitido decidir sobre cuáles son las áreas que más me gustan, o lo que quiero explorar más, aun cubriéndolas todas… Es una aventura vital hacer Medicina de Familia. Lo que ocurre es que esto no se puede trasladar a nadie si no lo experimenta. Es como el sabor de las cosas, yo puedo decir que me gusta muchísimo tal cosa, pero si no se prueba… Lo que quiero decir es que, ya que no se le facilita el que conozca la Medicina de Familia en casi ningún sitio, que simplemente son pequeñas estancias en los Centros de Salud, yo le diría que antes de poder optar por otra cosa y poder decidir, que decida con conocimiento, y que explore lo que la Medicina de Familia le puede dar, lo que le puede hacer feliz, antes de poder tomar otra decisión. Porque es extremadamente rica. Eso sí, como en casi todas las ramas de la Medicina, a esta especialidad no viene a hacerse uno rico, para hacerse rico hay que dedicarse a otras cosas (otras ramas de la Medicina si pueden dar satisfacciones económicas). Pero con la Medicina, en general, se puede vivir dignamente con un altísimo nivel de satisfacción, y hacerte muy feliz.

¿Quiere añadir algo más?

Lo único decir que la SEMG, igual que la ecografía, igual que la historia clínica, igual que las habilidades en salud mental y dermatología, etc., es una muestra viviente de que un médico o grupo de médicos, cuando se empeñen y tengan la razón, pueden sacar cualquier proyecto adelante, aunque hay que esperar y algunas veces, insistir e insistir muchas veces. Es algo que ha ocurrido con la ecografía: ha habido que esperar durante 25 años con mucha paciencia para lograr el nivel de implantación que ahora tiene, y que no lo tiene en ningún otro país en el mundo la Medicina de Familia. Y eso se le debe a la Sociedad Española de Medicina General y a unos cuantos locos que iniciaron esa andadura.

 

 

Visto 1546 veces Modificado por última vez en Martes, 30 Octubre 2018 11:24
ORTIZ SANCHEZ FRANCISCO

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